En el corazón del casco histórico y monumental
de Cuenca se alza un singular edificio, construido en el siglo
XVII como monasterio y más tarde "Colegio de los
infantes de Coro de San José" donde las mejores
voces infantiles de la región ensayaban sus cánticos
para el posterior deleite pastoral de todos los feligreses de
la Catedral.
En 1983, Jennifer y Antonio Cortinas reabrieron las puertas
de la posada conservando al máximo su carácter
y sencillez con el objetivo de recibir al caminante actual y
ofrecerle la esencia de la cultura y hospitalidad de estas tierras.
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Gracias a su buen hacer resulta fácil impregnarse de
esta armonía vital; basta con observar la rustica y acogedora
decoración de sus centenarias paredes, degustar los manjares
típicos de la tierra y como no, deleitarse
con su privilegiada situación asomada a la Hoz del Río
Huecar.
Esta extraordinaria situación nos permite disfrutar de
una vista cambiante gracias a la influencia de la luz, con sus
amaneceres y ocasos; una de las más bellas e inolvidables
imágenes de esta ciudad, Patrimonio de La Humanidad. |
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