La historia conocida de este singular edificio, declarado como bien de interés cultural en el año 2005, se remonta al año 1621, cuando fue construida como casa palaciega bajo las órdenes del abuelo materno de Juan Bautista Martínez del Mazo, discípulo aventajado de Velázquez desde que en 1631 ingresara en su taller en Madrid.

Es en el taller de Velázquez cuando conoce a la hija del citado pintor, Francisca, con la que el 21 de Agosto de 1633 tomará casamiento en Madrid, convirtiéndose así en yerno de Velázquez.

Esta boda marcará a Martínez del Mazo, no sólo en su vida sino también en su profesión como pintor ya que, su ahora suegro, Diego de Velázquez, le ofrece como presente el cargo de ujier de cámara, adentrándose así, progresivamente, en la vida de palacio, pasando por varios cargos de diversa importancia, hasta que a la muerte de su maestro en 1661, le sucede en su puesto como pintor de cámara.

Autorretrato Juan Bautista Martinez del Mazo

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Hay constancia de que en 1657, en un viaje a Nápoles, a donde había sido enviado por Velázquez, hizo una parada en Cuenca, para visitar a su familia y se hospeda en la hoy Posada de San José, como hemos dicho, propiedad de su abuelo materno y que hoy en día todavía conserva en el vestíbulo el escudo de la familia del Mazo.

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Martínez del Mazo firmó muy pocas veces sus obras lo que ha llevado en múltiples ocasiones, quizá era esa su intención, a la confusión de sus obras con las de Velázquez. Entre sus obras más importantes encontramos retratos de la realeza de la época como “Doña Margarita de Austria” o “El príncipe Don Baltasar Carlos”, del que fue maestro de dibujo, de su propia familia en “Familia del pintor”, su cuadro más famoso. Pero en lo que más destacó fue en el paisaje, de este tipo hay obras como “Vista de Zaragoza” o “La cacería del Tabladillo en Aranjuez”.

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Es gracias al deseo de un canónigo y arcipreste de la Catedral de Cuenca, Diego Mazo de la Vega, que la residencia de la familia Martínez del Mazo se convierte en el Colegio de infantes de Coro San José, aunque él nunca llegara a verlo hecho realidad.

Foto Coro 1920

Su intención era la de encontrar una ubicación perfecta para los infantes, “…ha de ser la mejor que haya en la calle de san Pedro de esta ciudad, y más cerca a esta santa iglesia (la Catedral de Cuenca), para que con más puntualidad puedan acudir al servicio del culto divino…” y conseguir para ellos un equipamiento, “…reparos y camas, mesas y demás de alhajas necesarias para el dicho colegio y vestuario…”, que estuviera allí antes de su llegada, y un sustento, “quinientas mil maravedíes de renta de juro…” Por desgracia, como hemos dicho, Diego Mazo de la Vega fallece en 1647, es decir, unos 20 años antes de que abriera sus puertas el colegio, por ello, en 1660, Pedro Zapata es quien firmase las constituciones que regirían el total funcionamiento del colegio, desde la selección de los infantes hasta su educación o su salida de la institución.

Con todo preparado, abre sus puertas el 17 de Marzo de 1668 el Colegio de Infantes de Coro “San José”.

Era una institución totalmente organizada en la que, además de un número de infantes que varió entre los seis y los doce, existían las figuras de rector, maestro de música y de coro, protectores, comisarios de música e incluso un ama encargada de la limpieza y demás labores que surgieran en el colegio. Esta organización y el fiel apoyo a ella del obispado y de particulares hacen que viva con gran esplendor hasta bien entrado el siglo XIX, pero los problemas económicos y las diversas transformaciones políticas y sociales de la España de finales del siglo XIX y la primera parte del siglo XX llevan al cierre total del colegio y el traslado de los infantes al seminario hasta que, en torno a 1960, se dejan de oír definitivamente las voces de los infantes en la Catedral de Cuenca.

Con el cierre del colegio quedan en abandono “…dormitorios, sala de estudio y de recreo, capilla, refectorio, cocina, ropero, jardín al estilo de los Molinos de la Hoz del Huécar, agua en abundancia para toda clase de usos domésticos… …los graneros, cuadras y otras dependencias…”, como relata en ese año Felipe Rubio Piqueras, un antiguo infante que vivió este final. En Julio de 1953 reabre sus puertas aunque ya como negocio hostelero, de la mano de Fidel García Berlanga.

Letrero puerta principal

Bajo la dirección de Fidel García Berlanga la Posada se acerco a la cultura, llegando hasta aquí un gran número de escritores, pintores, periodistas, gente del cine (quizá de la mano de su hermano Luis García Berlanga),… y nunca se ha llegado a separar de ella, ya que aunque ha cambiado de manos, muchas han sido las caras conocidas de la cultura, la política, la radio, el teatro, la televisión,… que han pasado por aquí. Fidel cede el testigo en 1983 a Jennifer Morter y Antonio Cortinas.

El 28 de Marzo de 1983, reabre sus puertas tras una fuerte rehabilitación, necesaria por haber estado unos años en desuso, la Posada San José, conservando las estructuras y el espíritu de lo que un día fue el edificio pero intentando mejorar en cuanto a servicios, comodidades y calidad para el uso y disfrute de nuestros huéspedes.

Texto extraído de las investigaciones de:
Fernando J. Cabañas Alamán,
Carlos Solano Oropésa,
Juan Carlos Solano Herránz y
Manuel Amores Torrijos

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